Desarrollo socio-afectivo

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Es importante señalar que a nivel socio-afectivo es difícil detectar señales de alarma y que en el caso de observar alguno de los comportamientos o reacciones emocionales aquí señaladas deben observarse también las señales observadas en las otras áreas, así como evaluar situaciones ambientales particulares que puedan influir sobre éstas, pues la mayor parte de estas señales pueden presentarse alguna vez en la vida de los niños sin significar dificultades

 

Bebés (antes del primer año de vida)

  • Hacia los 6 meses de edad el bebé no sonríe, ni muestra ningún tipo de respuesta afectiva frente a la aparición de personas significativas (mamá, papá, hermanos)
  • Es un bebé muy juicioso, “nunca llora” y los adultos deben adivinar todas sus necesidades o estar muy pendientes pues podría permanecer sin comer o sin ser cambiado mucho tiempo sin dar ninguna señal que advierta sobre estas necesidades.
  • Acepta estar con cualquier persona e incluso permanecer largos periodos de tiempo con “desconocidos” sin extrañar a las personas significativas.
  • Llora con mucha frecuencia sin motivación aparente, rechaza el contacto físico.

Niños entre 1 año y 4 años.

  • No establece contacto visual cuando se habla con él, incluso poniéndose a su misma altura y buscando establecer dicho contacto.
  • Muestra muy baja tolerancia a la frustración, llora con facilidad y es muy difícil calmarle.
  • No acepta cambios en su ambiente o en sus rutinas.
  • A pesar de haber adquirido el lenguaje verbal se niega a utilizarlo con personas distintas a sus padres – incluso si se encuentra en contextos familiares o debe expresar necesidades básicas como hambre, sueño o hacer pipí.

  • Se come las uñas, mastica o chupa su ropa, sigue chupando dedo, o come pedazos de papel.
  • Muestra comportamientos autoestimulatorios de forma frecuente como: aleteo, balanceo, masturbación.
  • Se muestra muy brusco con pares y adultos.
  • Después de los 3 años no puede reconocer sus objetos personales, los espacios y personas que le son familiares, así como los dibujos y trabajos que realiza.
  • Llora o se ríe sin motivo aparente.
  • Se ve triste o expresa estar triste con frecuencia.
  • Parece tener un afecto plano: rara vez sonríe, rara vez llora, es difícil que se ponga furioso, no expresa miedo ni dolor.
  • Tiene dificultad para identificar su cuerpo, o reconocerse frente al espejo.

     

A partir de los 5 años

  • No puede resolver conflictos pequeños con pares y busca siempre el apoyo de un adulto, o llora o reacciona de forma brusca y excesiva.

     

  • Muestra dificultades para dormir en la noche, no concilia el sueño, se despierta de forma recurrente, tiene pesadillas frecuentemente.
  • Se observan cambios en sus hábitos alimenticios, deja de comer o come en exceso.
  • No ha establecido vínculos de amistad con ningún niño en el colegio.
  • Juega siempre solo y evita el contacto con otros.
  • Muestra temor al comunicarse con otros.
  • Llora con frecuencia sin motivo aparente.
  • Tiene retrocesos en el control de esfínteres durante el día o la noche si lo ha ya adquirido.
  • Se muestra inseguro en la realización de sus trabajos, no inicia, repite muchas veces, borra con frecuencia o los destruye al finalizarlos.
  • Busca aprobación permanente del adulto para realizar cualquier tarea, intenta imitar a sus compañeros a la hora de trabajar y al verse solo se siente perdido o angustiado.
  • No puede reconocer sus errores, miente para justificarse o dar la responsabilidad a otros, incluso cuando sabe que el adulto lo vió o sabe la verdad.
  • Muestra temores irracionales.
  • Se auto- agrede.