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Uno de los principales derechos que tenemos como consumidores, es el derecho a la información. Por ello es importante contar con un etiquetado en los productos procesados que sea claro y fácil de entender, de esta forma podemos saber si el contenido de azúcar, grasas saturadas, sodio y calorías puede representar un riesgo a nuestra salud.

El etiquetado es la única herramienta útil con la que contamos como consumidores al momento de comprar algún producto procesado.

Algunas definiciones útiles

Para tener un mayor entendimiento de los conceptos, les compartimos las siguientes definiciones:

Alimentos sin procesar o mínimamente procesados: Son partes de plantas o animales que no tienen procesamiento industrial más que posiblemente el empaquetado. Son alimentos que no agregan sustancias nuevas (como grasas, azúcares o sal) en su procesamiento excepto el agua. (OPS/OMS, 2015)

Por ejemplo: frutas, verduras, frijoles, nueces, semillas, granos, maíz o pescado o carne frescos, o que han sido secados, congelados, molidos o fermentados sin la adición de grasas, azúcares o sal, además, agua, yogurt o leche sin sabor.

Alimentos y bebidas procesados: Son adicionados con grasas, aceites, azúcares, sal y otros ingredientes. Esta categoría incluye alimentos en los que se utilizaron métodos de conservación como el salado, o fermentación. (OPS/OMS, 2015)

Por ejemplo: las verduras enlatadas que contienen sal, pescado en aceite enlatado, quesos o carnes saladas o ahumadas, frijoles con sal enlatados o panes elaborados solo con harinas, agua, sal y fermentos.

Alimentos y bebidas ultraprocesados: Son elaborados a través de procedimientos industriales, es decir, a partir de sustancias. Estos productos usan saborizantes, aditivos y colorantes para parecer alimentos verdaderos cuando no lo son. Son empacados, pertenecen a una marca y son altamente publicitados. (OPS/OMS, 2015)

Existen muchos ejemplos: pan dulce industrializado, cereales y pan de caja, botanas, refrescos, jugos y néctares, etc

Azúcares añadidos: también se conocen como azúcares libres (OMS, 2015) y son todos aquellos azúcares agregados por el fabricante, cocinero o los consumidores, así como a los azúcares naturalmente presentes en la miel, los jarabes, los jugos de frutas y los concentrados de jugos de frutas. El exceso en el consumo de azúcares, particularmente en forma líquida, favorece la ganancia de peso así como el desarrollo de diabetes y enfermedades del corazón.

Grasa saturada: también se conocen como ácidos grasos saturados y de acuerdo a la Norma Oficial Mexicana para la orientación alimentaria, se debe recomendar limitar este nutrimento ya que favorecen la ateroesclerosis, una enfermedad caracterizada por el endurecimiento de las arterias, factor de riesgo para desarrollar enfermedades cardiovasculares, principal causa de muerte en el país.

Sodio: es uno de los componentes de la sal que se agrega a los alimentos, además de que está presente naturalmente en la mayoría de ellos. Sin embargo, la industria alimentaria añade grandes de cantidades de sodio para realzar sabores y en combinación con el azúcar generan un efecto adictivo. El alto consumo de sodio se asocia con el incremento de la tensión arterial, factor de riesgo para desarrollar enfermedades cardiovasculares.

Referencias

OPS/OMS. (2015) Alimentos y bebidas ultraprocesados en América Latina: tendencias, efecto sobre la obesidad e implicaciones para las políticas públicas. OMS. (2015). Directriz: Ingesta de azúcares para adultos y niños. Ginebra, Suiza.

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